¿Quién debe decidir el tratamiento de fertilidad?

El debate entre los que piensan que los pacientes vienen a que el médico les diga lo que tienen que hacer y aquellos que buscan una persona que les informe para poder tomar una decisión es un debate todavía abierto en la reproducción asistida. Aunque creemos que con la información disponible hoy en día para los pacientes en internet la segunda opción es cada vez más la única plausible.
En muchos campos de la medicina los conocimientos y la experiencia del médico por una parte, y la historia clínica y los resultados de las pruebas son la base de cualquier tratamiento. El margen de decisión que le queda al paciente es escaso. Ante un cáncer, una fractura o una infección, o el paciente hace lo que le indica el médico o seguro que tendrá problemas que muchas veces serán graves.
Por suerte o por desgracia la reproducción asistida no es así. Nadie está obligado a tener hijos y el no tenerlos puede ser una opción tan buena para algunas parejas como el embarcarse en tratamientos repetidos o el decidirse por una adopción.
Muchas veces los condicionantes para decidir que se va a hacer están más allá de lo estrictamente médico, siendo factores económicos o éticos. Los pacientes pueden renunciar a seguir adelante por no poder sufragar los gastos de una donación de óvulos tras varios fracasos de FIV o por no querer aceptar el uso de donantes para reproducirse. Incluso el tema probabilístico puede ser un condicionante, y el tener un 10% de posibilidades de éxito puede ser suficiente para una paciente mientras que otras lo encontrarán inaceptable. También otros factores como el mismo carácter de la pareja o el número de tratamientos realizados pueden determinar el camino a seguir. Hay parejas pragmáticas que buscan tener un hijo sin condicionarse a su genética y sólo aceptarán aquello que les ofrezca las mayores posibilidades. Otras veces, antes repetidos fracasos, una pareja puede decidir por cambiar gametos aunque no haya evidencia de que alguno esté mal, sólo para mejorar sus posibilidades.
Por último, pero no menos importante, hay pacientes que pueden querer someterse a tratamientos a pesar de las ínfimas posibilidades que les ofrezcan porque necesitan sentir que han hecho todo lo posible antes de dar un salto hacia la donación por ejemplo.
Bajo nuestro punto de vista queda claro que el papel del médico debe ser aconsejar un abanico de opciones médicamente posibles (a nadie se le ocurriría hacer inseminaciones a una paciente con las trompas obstruidas por más que lo pida una paciente) informando a la paciente de las posibilidades reales de cada una. Para poder ayudar de verdad a los pacientes hay que invertir tiempo en hablar con ellos, explicar de forma pormenorizada cada aspecto de los resultados de las pruebas o del tratamiento recomendado además de usar un lenguaje fácilmente entendible por ellos. Si los pacientes tienen claro que pueden esperar de cada tratamiento no creemos que un médico, al menos en instituciones privadas, deba negarse a realizar un tratamiento aduciendo pocas o casi nulas posibilidades. Por eso seguramente todos hemos realizado FIVs casi imposibles. Y seguramente todos, en alguna ocasión, nos hemos llevado una grata sorpresa por la obstinación de una paciente o pareja en desoír nuestras recomendaciones. Así es la reproducción asistida.
 

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